Chorema de una niña fresabuenaonda

Despierto a media noche con la idea inequívoca de que no volveré a verla, aún no entiendo como fue pero todo apunta a que un día abrió lo ojos y decidió que ya no quería ser parte de mi vida. A raíz de eso todo se vino abajo, en picada, noches cada vez más oscuras, días cada vez más grises.
Aún contra mi voluntad es huésped de mi mente por lo menos una vez al día. La pienso pero no la siento, ella no está, ya no se siquiera si es real.
Y vuelvo al principio, a aquel día en que la vi por primera vez y pienso -¿por qué yo? ¿por qué ahí? ¿por qué ese día? Es cruel el destino que pone frente a nosotros aquello que no podemos alcanzar, o son solo mis pensamientos que hoy son mas filosos que mis cuchillos, que cortan, lastiman, torturan a mi mente, hoy más frágil que una lámina de oro.
Más ¿que importa? Si ella hoy no está conmigo. ¿Importa? Lo dudo.
Me pregunto ¿Y yo que seré para ella?  Si acaso un recuerdo, quizás, tal vez algo aún más fugaz que el humo de un cigarrillo que escapa de sus labios. Esos labios que evocan aquel “Ensayo de una boca” que escribiese Delgadillo. Da lo mismo.
De cualquier forma esta historia no tendrá secuela. No merezco una secuela, ya que ni siquiera fui capaz de escribir la trama principal. Fue demasiado para mi y se me escapó de las manos. ¡Que ironía! Que algo tan grande y complejo sea tan volátil.
Impotencia sería la palabra que usaría si tuviera que describir lo que siento. Tuve la respuesta en mis manos y aún así la solté, consumando mi fracaso personal más grande.
Hoy cualquier viento la trae hasta mi, cualquier reflejo, cualquier silbido. Se ha instalado en lo más profundo de mi mente y me rehúso a desalojarla. Está en su derecho. Niña. Nunca imagine añorarla tanto.
Yo no quería enamorarme.
No se si fue la película, el café, el vino o la laguna, no se si fueron las alas, la música, el Jagger o su sonrisa. No sé y no lo quiero saber. Solo quiero que termine. Que la distancia tiempo se complete, para así llegar al final. Y volver a dormir tranquilo. Y volverme a sentir normal. Y sacarla de mi mente. Y sacarla de mi vida.

Como ella me sacó a mi.

Tlamachtilli

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Enfermedades comunes

– Estoy enfermo – tal vez no sea la mejor forma de iniciar una conversación. Pero el cantinero insistía en hacerme platica y de cierta forma creo que necesitaba desahogarme, así que dí un trago a mi cerveza y las palabras simplemente comenzaron a fluir.
-Así es, lo sé hace tiempo, pero hasta ahora caigo en cuenta. Ya tenía tiempo sintiéndome mal, pero no le había dado importancia. Sin embargo, comencé a analizarme y comprendí que todo fue a causa de una herida mal cuidada, una herida que en aquel momento no lo parecía, fue apenas un pinchazo con algo parecido a una flecha, sin embargo fue mas que suficiente para ponerme en la situación en que hoy me encuentro.
Primero fue el insomnio, no conciliaba el sueño hasta altas horas de la noche y despertaba en la madrugada desorientado, confundido, con taquicardia y sudando.
Luego fueron los delirios, veía donde no había nada, escuchaba lo que no se decía, fantaseaba, me veía en lugares dónde no había estado, siendo lo que no era.
Siguió con dolores musculares, cefaleas, dolores abdominales y punzadas a la altura del pecho; inicialmente pequeñas pero  aumentaban en intensidad conforme pasaba el tiempo. Nunca cesaron-
Me detuve por un instante y de un sorbo terminé mi cerveza.
El cantinero me miraba pasivo e inexpresivo; dio media vuelta y desapareció por detrás de la barra.
Aproveché aquel momento para mirar la pantalla y descubrir que mi equipo perdía 3 a 1 al ’63 con Monterrey, de visitante en el Tecnológico.
De pronto reapareció el cantinero con una botella de Mezcal Amores y dos pequeños vasos.
– Ya sabes lo que dicen “Para todo mal… Mezcal” – comentó con una leve muestra de empatía.
–  Conozco el dicho, y aprecio la ironía del nombre, pero nunca pedí mezcal –
– Va por mi cuenta, y en cuanto al nombre, sinceramente no lo pensé –
Dí un sorbo al tequilero y continué con mi relato.
-Me volví huraño y malhumorado, no quería salir ni ver a nadie, me alejé de mi familia y amigos, no encontraba motivos para ser feliz, nada me hacía sonreír, estaba muriendo.
Fue entonces cuando comprendí que mi enfermedad era degenerativa, solo empeoraba, me hacía perder facultades y nada de lo que intentaba me hacía mejorar, ningún tratamiento, ni clásico ni alternativo.
Todo por una herida mal cuidada.
Descubrí que mi herida desarrolló una especie de gangrena que no era perceptible a simple vista, pero ahí estaba, la podía sentir, dolorosa, lacerante Aún la siento, y no logro comprender como es que reuní las fuerzas suficientes para salir de mi casa y encontrarme aquí hoy, en este bar. Soy un cliché. –
El cantinero me miro un instante sin decir nada, desvió su mirada a su antebrazo y lo sorprendí mirando un tatuaje que parecían ser números romanos, sin embargo el ángulo, la tipografía, la luz y el alcohol no me permiten asegurarlo.
Levantó de nuevo la vista y sonriendo para si mismo dijo
– Yo padecí de lo mismo hace años, y a veces aún lo padezco, aunque los síntomas varían de persona a persona, evolucionan con el tiempo  y créame amigo que dicho padecimiento es lo mejor que me ha pasado –
Miré con desdén a aquel hombre que ahora me ofrecía una sonrisa, y antes de que pudiese decir algo, añadió.
– Usted amigo está enamorado -.
– Lo sé – contesté bajando la mirada y con un dejo de resignación.
– Entonces no comprendo, ¿cuál es el problema? – dijo con un tono impaciente.
Respiré lo más profundo que pude, tratando de controlar el mar de sentimientos que encontraba atorado en mi garganta, intentando borrar de mi mente las mil y un imágenes que tengo grabadas de ella. Tras una breve pausa y ya sucumbiendo ante la melancolía, víctima de la soledad, levanté la mirada y respondí.
– Que ella no siente nada por mi –

Tlamachtilli

Tarde

Nunca he creído en el amor a primera vista. Pero no encuentro una forma racional de describir el sentimiento que me invadió la primera vez que la vi, es algo que en aquel momento, y hasta el día de hoy, no he podido explicar. Aunque pensándolo bien, cómo no iba a llamar mi atención, digo, es una niña hermosa, de mirada tierna y sonrisa angelical, sé que suena trillado, pero qué más puedo decir.

Y si, como podrás imaginarlo, hice lo posible para invitarla a salir, y lo logré, no fue tan complicado, tomando en cuenta que solo nos habíamos visto una vez y no cruzamos más de dos o tres palabras. Sin embargo, la curiosidad por conocerla era incontrolable, me intrigaba, así que salí con ella, fuimos al cine, vimos un drama poco convencional, con toques de comedia romántica y de cine indie, comimos palomitas y hablamos más de lo que la gente a nuestro alrededor hubiese deseado, saliendo caminamos un rato por el centro comercial y nos conocimos un poco, ¿De dónde eres?, ¿Qué estudias? Y ¿Cómo terminaste aquí? Fue una tarde magnífica que no pudo haber tenido un mejor resultado.
Me dije – Podría enamorarme de ella-.

Como era de esperarse la volví a ver. Para nuestro segundo encuentro el elegido fue un café con estilo de cafetería francesa (su elección), el cual se ubicaba a la entrada de un supermercado; ordenamos café y comida, al tiempo que platicábamos de su reciente viaje al viejo continente sus experiencias, sus fotos y sus conclusiones. La comida se enfrío, el café le hizo segunda y el tiempo simplemente se marchó sin pagar la cuenta, más rápido de lo que pudimos percatarnos. Nos echaron del café, porque al parecer no les interesaba que nuestra conversación hubiese alcanzado tal grado de desarrollo, lo cual parecía muy difícil de manejar en ese establecimiento, así que decidimos acomodarnos en una banca afuera de un local, para continuar con nuestra dialéctica, cobijados por la obscuridad de una plaza comercial que había decidido concluir la jornada sin la más mínima importancia en aquel par de jóvenes que estaban empezando a compartir sus creencias y convicciones con la seguridad de quien ha compartido una vida.
Me pregunté -¿Cómo no enamorarme de ella?-

El tiempo pasó y esa noche parecía tan lejana, tal vez por las semanas de ausencia o por el hecho de que cualquier pretexto parecía ser bueno para no volver a verme, como si ese último encuentro le hubiese traído situaciones incomodas y preferiblemente evitables. Pasó poco más de un mes para que volviese a verla, el lugar su residencial, el motivo su fiesta de cumpleaños. Y ahí voy yo, armado con un regalo “original”, una botella de tequila y escudado por mi mejor amigo con la convicción de quién pasó el día anterior buscando ese regalo con el cual ella se daría cuenta que no soy un tipo cualquiera, que valía la pena conocerme, correría a mis brazos y nos fundiríamos en un dulce pero apasionado beso.

Pero la vida real no es como en los libros, no, es un poquito más cruda y menos de color de rosa. Mi regalo más que crear una buena impresión generó una reacción que mostraba más desconcierto que sorpresa y estuvo a punto de ser parte de un clásico juego de borrachera. Mi presencia parecía más inesperada de lo que yo hubiese deseado, lo cual pude haber deducido tomando en cuenta que la invitación fue más por compromiso que por convicción. Pasé más tiempo conversando con los veintiúnicos dos invitados que conocía que con el verdadero motivo de mi presencia (ella), la botella de tequila murió más rápido que mis esperanzas, al ver a la niña de la cual me estaba enamorando en los brazos de otro tipo.

Me dije -No quiero enamorarme de ella-.

-Demasiado Tarde- Pensé

Tlamachtilli

Extranjero

Y al ver a aquel poeta derrotado, decidió emprender el camino de vuelta a casa. Se dijo agradecido, ya que en su planeta no conocían aquellas sensaciones tan complejas y por lo que veía, lacerantes.
Sin embargo fueron las últimas palabras de aquel deprimente individuo las que se quedaron tatuadas en su memoria. –Ella es… el personaje de un cuento que me hubiese gustado escribir- No sabía lo que significaban, eran conceptos que ignoraba totalmente, no obstante, aquellas palabras habían calado hasta lo mas profundo de su ser, no entendía su connotación, mas sin embargo…
Podía sentir su dolor.

Tlamachtilli

Soliloquio

No se cómo pude pensar que podía ser de otra forma, somos de dos mundos completamente distintos, cualquiera que viese esta situación desde afuera pudo haberse percatado de ello, no era difícil de adivinar. De cierta forma creo que yo también lo supe desde el principio, más me dejé llevar por esa euforia que me causó el conocerla; me impactó su personalidad alternativa, su voz infantil, su cara de niña, su sonrisa sincera, sencilla y su tan peculiar forma de comer palomitas.
-¿Saben?- Ni siquiera estoy seguro de que sea tan especial, solo puedo interpretar esto desde el punto de vista de espectador de mi propia historia, y causó impacto, no sé cómo, ni por qué, pero así fue.
Y heme aquí de nuevo, del lado del teclado del que se queda sin la chica, del que se queda sin nada, escupiendo palabras al azar esperando que en algún punto cobren sentido y te permitan – a ti querido amigo – entender un poco el momento que estoy pasando.
Tratando de ser positivo, y encontrarle el mejor ángulo a esta desafortunada situación, podría pensar que posiblemente fue lo mejor, tal vez yo no le podía brindar aquello que ella estaba buscando, lo que sea que fuese, y que de cierta forma lo más conveniente era que esto terminara incluso antes de empezar, quién me puede asegurar que esto no iba camino a una relación autodestructiva cuyas consecuencias, afectaciones y daño colateral pudiesen tener alcances de carácter épico, o incluso resultar en la III Guerra Mundial, el fin de la humanidad o el mundo como lo conocemos; O tal vez era ella el amor de mi vida, pero claro, todo son suposiciones.

Quizás, simplemente no estaba destinado a ser, sin razón aparente o motivo alguno, sencillamente, no fue porque así tenía que ser y nada más, punto final, sin excusas y sin explicaciones.
Pero una vez más, y sin miedo a sonar redundante, son solo, suposiciones…

Tlamachtilli

Ayúdame a explicar

Te mandé 14 rosas rojas y una rosa blanca

Te di una rosa blanca a media vida

Te he dedicado poemas, canciones, dibujos y cuentos

 Te he invertido horas, días, semanas, meses enteros de pensamientos

Te he nombrado hasta en sueños,

y me dices…

Que no me debes nada?

No soy exigente…

Solo pido una sonrisa,

para calmar mis ansias…

Para explicarle a mis ojos, mi mente y mi corazón…

Que todo es no ha sido en vano

Ayúdame a explicar

Tlamachtilli

Año Viejo

Un año mas ha pasado

y hay palabras que aún no te he dicho

y besos que no te he dado

y versos que no te he escrito

Un año mas ha pasado

y la distancia aún no se acorta

y el humo no se disipa

y el temor reaparece

Un año mas ha pasado

y me parece tan lejano aquél momento,

en que me sonreiste por primera vez

Un año mas ha pasado

y el reflejo de tus ojos sigue fresco en mi memoria

y el recuerdo de tus labios

y el aroma de tu piel

Un año mas ha pasado

y aún te miro en lontananza

y sonrío, y lloro, y hablo, y grito,

pienso, callo, muero, recaigo, sobrevivo y luego vuelvo a empezar.

Un año mas ha pasado

y aún no he podido decirte lo que siento

Un año mas se ha ido

y sigo soñando contigo

y sigo soñando… sin ti.

Cuicani

Sujeto

Que me dices si te digo que te veo en las estrellas
Que te escucho hasta en el viento
Que el aroma de tus ojos me recuerda mi sentir

Que el silencio de tus manos me hace temblar de impaciencia
Y el sonido de tu pelo alimenta mi ansiedad

Que me dices si te digo que el silencio no es respuesta
Que pienso en ti más de lo que quisiera
Que valoro mis silencios cuando extraño tus palabras

Que sueño con tus ojos…

Que muero por tus labios…

Que estoy sufriendo tu ausencia…

Que estoy viviendo… sin ti…

Tlamachtilli